La receta mar y tierra más adictiva que probarás.
Justo en la frontera entre las costas atlánticas de Normandia y Bretaña está el mágico entorno del Mont Saint Michel y su bahía, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Costas bañadas por las mareas más extremas de Europa continental, con amplitudes de hasta 13 metros. El mar puede retirarse hasta 15 kilómetros revelando inmensas extensiones de arena, y regresar rápidamente. La impresionante abadía en el monte puede quedar rodeada por el agua el momento de la pleamar, ofreciendo un paisaje idílico.
Casi a finales del mes de mayo pudimos realizar un viaje largamente aplazado, con dos objetivos, visitar el entorno de la Abadía del Mont Saint Michel y disfrutar de la gastronomía de la zona. De Bretaña tenemos publicada su receta más famosa, la Crepe bretona - Galette, y sin duda en estas costas la joya gastronómica son los moules-frites (mejillones con patatas fritas). Especialmente, la famosa bahía y alrededores, son lugares ideales para el cultivo de los mejillones bouchot, debido precisamente a la gran amplitud de las mareas.
Se denominan así porque se cultivan, a partir de una técnica tradicional francesa, en estacas de madera (bouchot) clavadas en el mar. En ellas se fijan las semillas de molusco, sobre cuerdas enrolladas en los palos. Son las mareas las que exponen a los bivalvos al aire y al agua, ciclícamente... O sea pasan tiempo fuera del agua, casi la mitad de su vida, y no se alimentan continuamente. Esto da lugar a un mejillón más pequeño, de unos cuatro centímetros, de concha azulada, muy carnoso, de color naranja e intenso sabor. Este proceso artesanal está amparado con una Denominación de Origen Protegida (D.O.P.). Su temporada comienza a finales de julio y se extiende hasta principios del invierno, ofreciendo su mejor textura, carnosidad e intensidad de sabor durante los meses de otoño.
Disfrutamos de los moules-frites justo después de finalizar la visita de la Abadia, en un restaurante de la Grande Rue (calle Mayor) dentro de la fortaleza. Al no ser aún la temporada del bouchot, nos sirvieron de otra variedad. La salsa es la misma siempre, se saltea ligeramente la mantequilla con la chalota o cebolla; el vino antes de añadir la nata, y el marisco, una delicia para mojar las crujientes patatas.
Nuestros mejillones nacionales, cultivados en bateas flotantes, están siempre sumergidos y alimentándose. De ahí que sean más grandes, con la excepción de los mejillones de roca, que crecen de forma salvaje o controlada adheridos directamente a las rocas y espigones de la costa, expuestos al azote del oleaje. Debido a su tamaño reducido, su carne compacta y su alta concentración de sabor es el molusco mediterráneo más parecido al exclusivo bouchot francés.
El mejillón de roca es el que hemos utilizado en esta receta, fácil de elaborar e ideal para el aperitivo o una buena cena con amigos!
Ingredientes
500 gr. de mejillones de roca
(idealmente tipo bouchot si es temporada).
50 g de mantequilla tradicional.
4 chalotas picadas muy finas (o una cebolla grande)
2 dientes de ajo
200 ml de vino blanco seco
150 ml de nata para cocinar
Hierbas aromáticas (tomillo y laurel)
2 patatas cortadas en bastones para freír.
Aceite de oliva (para freír las patatas)
Sal y pimienta negra.
Encurtidos para acompañar (opcional)
Elaboración:
Limpiar bien los mejillones, retirar las "barbas" y raspar las conchas con un cuchillo.
Pelar, cortar y freir las patatas, (ver nuestro método para unas patatas fritas crujientes y cremosas aquí).
Retirar, escurrir y reservar las patatas una vez bien fritas.
Mientras se frien las patatas, en una olla grande y profunda, derretir la mantequilla, añadir las chalotas picadas (o la cebolla) y un par de dientes de ajo enteros aplastados. Salpimentar. Sofreír a fuego medio hasta que esté todo pochado.
Añadir las hierbas (laurel y tomillo), y el vino blanco. Subir la temperatura para que el alcohol evapore. Incorporar los mejillones limpios y tapar la olla.
Dejar cocinar removiendo un poco la olla sin destaparla, unos pocos minutos, justo hasta que los mejillones se abran.
En el último minuto, añadir un buen chorro de nata líquida y un toque de pimienta, remover y dejar que se integre todo.
Servir calientes acompañados de las patatas fritas crujientes para mojar en la salsa y complementar (si apetece) con unos encurtidos variados.
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